¿Cómo superar el miedo escénico? – Parte I

El ser humano al nacer es un lienzo en blanco. Aprende día a día, mes a mes, año a año, y absorbe todo aquello que se le pone delante. Y todo ello funciona más o menos de forma natural hasta que llegamos a la escuela. Matemáticas, idiomas, ciencias, pero ¿de qué nos sirve todo ese conocimiento sin la asignatura de la “expresión oral”? ¿de qué nos sirve sin que nos enseñen cómo hacer una exposición? ¿o un debate, discurso o diálogo? “Cómo vencer el miedo escénico” no se enseña en la escuela, porque nos enseñan exactamente lo contrario.

Desde pequeños nos inculcan el miedo escénico

Plantan a un niño o niña a recitar una poesía, sin enseñarle cómo hay que recitar o declamar. A hacer la exposición de un trabajo bajo la lupa del profesor que va a puntuarle sin explicarle como debe exponerlo. O coaccionando su libertad de hacerlo bajo su criterio. Obviando la aberración de no tener una asignatura que se llame, por ejemplo, “lectura y oratoria”, nadie en el sistema educativo les enseña a los más jóvenes a hablar con corrección, a expresarse, a usar su voz o su expresión corporal.

Otro gran error al que sometemos a los chavales es al de cohibir su necesidad de externalizar sus pensamientos en público; unos padres que no dejan que sus hijos hablen libremente delante de otras personas amenazándoles con el sentido del ridículo; “ver, oír y callar” o “en boca cerrada no entran moscas”, han salido de la boca de nuestros padres con tal de no permitir que hablemos, que nos expresemos con libre albedrío, de caparnos. Seguramente lo han hecho con la mejor de las intenciones, pero repitiendo patrones mentales y de conducta, a la vez heredadas de sus progenitores. ¡Menudo desastre! Así nos va. Con una sociedad que no sabe ni leer (a pesar de conocer las letras del abecedario), ni hablar (aun sabiendo articular palabras con sus boquitas) y tampoco comunicarse con eficacia.

Unas cuantas lecturas recomendadas:

Pánico escénico y “Hablar en público”

Llegados a cierto punto de su vida, un ser humano corriente va a acudir a una entrevista de trabajo, hacer una exposición de un proyecto, o tal vez a prestar declaración en un juzgado. ¿Y qué es lo que hace acto de presencia en ese momento? El miedo. Miedo a equivocarse, a no dar la talla, a no saber expresarse correctamente. Miedo escénico a fin de cuentas. Y eso, querida o querido lector, es lo más antinatural en la comunicación. ¿Miedo a qué? ¿Al ridículo? ¿A que nos corten la cabeza si no lo hacemos bien? Es entendible que pueda imponer un auditorio con 500 personas que espera a que abras la boca, pero no coherente. Piénsalo, te puedes quedar en blanco (saca una chuleta), te puedes atrancar en una frase (tómatelo con humor, el público lo entenderá), puede que no transmitas el mensaje (es posible, pero todo es práctica).

“El discurso del rey” (2010)

El ser humano está hecho para comunicarse; con una persona o con cientos. Tu personalidad es la que va a decidir cómo vas a afrontar esa situación. Es tu actitud la que va a prevalecer. Hace 2000 años los gladiadores podían permitirse el lujo de sentir miedo escénico, porque se los iba a zampar un león o a descuartizar el primer gladiador del coliseo.

Libérate de tus miedos

¿Pero ahora qué? Hay cosas muy bonitas en el mundo y una de ellas es ser capaz de comunicar, interrelacionarse con otras personas (1 ó 1000), crear un vínculo entre el receptor y el emisor a través de un mensaje. Créeme cuando te digo que ver a una masa de gente a la que estás hablando y ver sus caras de atención por que se sienten atraídos por tu mensaje, es algo fabuloso. No hablo del ego del conferenciante, hablo de la satisfacción de que un mensaje haga mella, que aquello que cuentas y te apasiona consiga emocionar al que tienes enfrente.

En la comunicación verbal, el miedo está para ser erradicado. El miedo no es bueno, no te ayuda a transmitir un mensaje. El miedo escénico no es conveniente bajo ningún concepto. Y tu personalidad es la que la va a superar. Adoptar una actitud cada vez más fuerte te hará vencer el miedo escénico.

“El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”, ¿te suena familiar? Te están diciendo que si hablas la vas a cagar. Esa frase le vendría de perlas a un político; “El político es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”, ¿a que tiene sentido? Porque si no cumple con sus promesas la hemeroteca le va a sacar los colores.

Pero nosotros, personas normales entre las que me incluyo, hemos crecido en una sociedad que nos encorseta y cohibe para que no abramos la boca más de lo necesario. El ensayo y error (tema que trataré en otras entradas de este blog) es el leitmotiv del aprendizaje en este campo. Aunque sigas a pies juntillas todos mis consejos de cómo vencer el miedo escénico, te aseguro al 100% que vas a equivocarte en casi todo. Porque esto tienes que practicarlo en todo momento; cuando hablas con tu pareja, con tu amigo, con tu jefe, con el camarero. Cualquier situación es buena para poner en práctica tu seguridad a la hora de comunicarte. Cada pasito que des te hará dar pasos cada vez más firmes.

Continuará…