¿Cómo superar el miedo escénico? – Parte II

Cuando te enfrentas a un público debes tener muy claro a quién tienes en frente. Por mi parte lo tengo muy claro; personas con ganas de mejorar sus dotes comunicativas a través de la palabra hablada, por lo tanto es importante transmitir el mensaje que tengo preparado de una forma sencilla y amena, o al menos esa es mi forma de entender la educación. Hago uso de experiencias personales, como en este blog, lo cual hace que la narrativa de mi discurso sea mucho más fluida. Y este es un buen consejo para todos lo que empiezan o tienen poca experiencia. Trabajar para superar tu miedo escénico es cuestión de ir aplicando pequeños trucos.

La gente necesita que les cuentes algo, no que les sueltes un tostón infumable. Si te limitas a leer o vomitar palabras sin control, lo único que conseguirás es que tú público se cierre en banda, deje de prestarte atención o incluso que se vayan de la sala. Cuando hablo de tu público lo hago con toda la intención. En ese momento es tuyo, están ahí para escucharte, por lo tanto te pertenecen durante el tiempo que estés sobre el escenario. De ti dependerá que siga siendo tuyo cuando acabes (que te busquen en redes sociales, en youtube, etc.).

Si tú disfrutas hablando, ellos disfrutan escuchando.

Cada uno de nosotros tenemos una forma concreta de contar las cosas. Puede que no se te de bien, y en ese caso voy a darte una buena noticia; puedes mejorar. Puede que aburras a las ovejas (eso significa que o tu mensaje es aburrido o que necesitas sintetizar), en ese caso observa a los que saben y fíjate en cómo reaccionan sus interlocutores. Poco a poco irás aplicando pequeñas cosas nuevas a tu discurso y a la vez irás eliminando otras. A eso se le llama depurar el estilo, que a la postre será tu seña de identidad.

Podrías empezar por analizarte en una situación muy sencilla; con una simple conversación con otra persona. No valen amigos ni familia, ya que no son imparciales. Busca desconocidos o compañeros de trabajo con los que no tienes mucho trato. Puedes aprovechar cualquier ocasión; tomando un café en el descanso o al salir en el ascensor. Observa como actúan ante tu manera de contar las cosas. ¿Prestan atención? ¿Les interesa lo que les dices? La idea principal no es que les abordes y les sueltes la chapa. Se trata de estudiar sus reacciones e interpretar eso que te están diciendo sin abrir la boca. Esta sencilla técnica te ayudará a estudiar a tu interlocutor y a vencer tu miedo escénico.

¿Cómo conseguí vencer mi miedo escénico?

Hace años decidí que siempre que tuviera que entablar comunicación con un desconocido, no me conformaría con la palabras necesarias, si no que entablaría una conversación. Pidiendo un café en un bar, o incluso con la persona que tuviera al lado en la barra (cualquier ocasión es buena y todo es practicar). Usando el tono adecuado, con educación, quizá con una sonrisa (sino hablas de un tema serio o espinoso), pero siempre con respeto, puedes conseguir algo maravilloso.

Además de contribuir a este mundo con una pincelada de relaciones humanas espontáneas, irás adquiriendo poco a poco una seguridad en ti mismo que con el tiempo te agradecerás. A parte me ha servido para mejorar mi capacidad de entendimiento de las personas y de aquello que mejor funciona a la hora de relacionarme con un extraño, que a la postre es con lo que te encontrarás en una charla con desconocidos o en una conferencia con 500 personas frente a ti.

En próximas entradas te explicaré como puedes estructurar un discurso de una forma eficaz.

Ante todo, para superar ese miedo escénico tienes que forzarte a hablar en público, debes meterte en la cabeza una cosa muy importante. Y este no es el típico truco barato de imaginarte a todos los asistentes desnudos (a mi me desconcentraría). Nadie, absolutamente nadie es más que tú en esa sala, ni aún habiendo el presidente de cualquier corporación o país sentado en primera fila. Y, por supuesto, tú no eres ni mejor ni peor que ninguno de ellos. Así que cualquier temor que te pueda rondar por la cabeza es infundado; todos llevan apuntes o notas, todos se equivocan, todos tienen tics o dejes que cansan. Todos y cada uno de los que tienes delante tienen defectos, gestos cansinos y exagerados, mala pronunciación, etc., y podría seguir. Sobre cualquier otra apreciación; tú no eres inferior a nadie (y ante un público tampoco).

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